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¿Porque necesitamos suplementarnos?

Antes de contestar esta pregunta, debemos cuestionarnos lo siguiente; 

  • ¿Son los alimentos actuales tan nutritivos como lo eran los de nuestros ancestros? 
  • ¿Contienen los alimentos actuales la misma cantidad de nutrientes que los de antaño?
  • ¿Estamos seguros de que tomamos los nutrientes necesarios a diario?

13 vitaminas, más de una veintena de minerales, 8 aminoácidos y 2 ácidos grasos, son nutrientes esenciales, es decir, aquéllos que el cuerpo no puede fabricar y hemos de incorporar a diario en nuestros menús y además… en las proporciones adecuadas.

La contaminación ambiental, el abuso de pesticidas y herbicidas, el empobrecimiento de los suelos, el exceso de aditivos alimentarios, el estilo de vida tan estresante que soportamos, la cantidad abusiva de comida refinada y alimentos azucarados, el gran consumo de alimentos grasos de mala calidad, la maduración artificial que padecen los alimentos frescos, la inadecuada flora bacteriana (en muchos individuos, producto de la alimentación moderna), la toma de fármacos (que interfiere en la absorción de sustancias esenciales)… hace pensar, que “quizás”, si uno no cumple con las recomendaciones correctas en torno a su alimentación, tenga carencias en determinados nutrientes, que muestren como principal síntoma, una fatiga injustificada.

Cada nutriente interviene en varias reacciones metabólicas, indispensables en el correcto funcionamiento del organismo. Un déficit en uno o alguno de ellos, si se prolonga en el tiempo, puede dar lugar a una sintomatología por subcarencia. Y, por el modo de alimentación actual, puede haber problemas en nutrientes como: Vitamina D, Ácidos grasos W-3, Magnesio, Cromo, Cobre y Vitamina B1, por citar los más comunes.

¿Y qué tal vamos al baño?… ¿Lo hacemos de forma regular?… ¿Nuestras heces son como deben ser?… ¿No siempre es así?… ¿Nos levantamos a menudo muy cansados? Quizá debamos alimentar mejor a nuestras células intestinales y a nuestra positiva flora bacteriana, con el uso de algún prebiótico, incrementando el consumo de alimentos fermentados de buena calidad; incluso consumiendo de vez en cuando probióticos, si es que fuera necesario.

Cierto es, que lo ideal, sería consumir una alimentación ecológica, libre de químicos indeseables; integral, mucho más nutritiva y con gran aporte de fibra; equilibrada, en cuanto a la proporción de los distintos macro nutrientes, con más predominancia en alimentos crudos (mayor densidad nutricional) y adecuada a las necesidades de cada uno, en función de la actividad que desarrolle y de su gasto energético diario. ¿Cuánto nos alejamos de ello?

¿Responde el cuerpo de la misma manera ante 100 kilocalorías, provenientes del azúcar, de unas galletas, de un arroz blanco, de unos guisantes, de una tortilla o de un pescado? Según el primer principio de la termodinámica, la energía: no se crea ni se destruye, sólo se transforma. En el cuerpo, esto es “relativo”. El cuerpo responde de diferente modo ante los macro nutrientes aportados por los citados alimentos. Además de que para el correcto metabolismo de éstos se utilizan muchos micronutrientes que, al menos los tres primeros alimentos, no aportan en su totalidad.

Por lo tanto, si durante mucho tiempo abusamos de ellos, aparecerán algunas “deficiencias”. Es decir, hay alimentos que “roban” nutrientes y otros que los “aportan”; o lo que es lo mismo, alimentos que “fortalecen” y alimentos que “debilitan”. El problema surge cuando la balanza se inclina hacia los primeros. Sobre todo, en quienes abusan de alimentos procesados, repletos de grasas de dudosa calidad, muy azucarados, ultra horneados, cargados de aromas artificiales (desarrollamos una dependencia anormal a los sabores de síntesis) y chucherías, la fatiga y la falta de concentración pueden ser los primeros síntomas de estas “deficiencias”. Y éstas no se revelan en un simple análisis de sangre y sí que se manifiestan en una caída del nivel energético, en cambios de carácter, en la frecuencia y el estado de deposiciones, en la agudeza y pérdida de intensidad de alguno de nuestros sentidos… Y quien las padece, comienza a percibir como normal su nuevo estado. ¿Es normal estar habitualmente cansado?

 

Quien toma excesivos azúcares rápidos puede presentar deficiencia de tiamina y cromo; quien consume mucho alcohol quizá tenga deficiencia de alguna vitamina del complejo B; quien mucho fuma igual necesita más vitamina C; quien toma mucho café quizá requiera más calcio; quien padece muchas infecciones quizá tenga un déficit de Zinc, vitamina A o vitamina C; quien nunca toma pescado salvaje quizá presente un déficit de ácidos grasos w-3, del mismo modo de quien presenta altos índices de triglicéridos en sangre; quien toma muchos medicamentos quizá tenga más bajos sus depósitos de varios nutrientes, debido al uso de estos, en el metabolismo y eliminación de tales fármacos (imprescindible leer los prospectos…); quien practica mucho deporte de intensidad y consume excesiva comida refinada o quien padece muchos calambres musculares quizá necesite magnesio; quien toma excesiva sal y poca fruta y verdura tiene debilidad muscular y la tensión alta quizá requiera potasio; quien vive en zonas frías y apenas toma el sol quizás requiera un extra de vitamina D; quien padece estrés crónico (y esto va en alza) quizá requiera un extra de nutrientes para paliar ese estrés, además de cambios en otros factores de su estilo de vida; quien padece de estreñimiento, va al baño con irregularidad o sus deposiciones son anormales, quizás requiera un cambio drástico en su forma de comer y/o beber más fibra y un complemento de prebióticos y/o probióticos; quien está habitualmente cansado quizá deba descubrir el porqué y, si ello es debido a su calidad nutricional, horas de sueño, estrés o una mezcla de todo ello.

Uno puede estar “bien” alimentado, pero mal nutrido, algo común en países desarrollados, puesto que uno se alimenta de lo que entra por la boca, pero sólo se nutre de lo que al final (tras un largo y complejo proceso) llega a la célula y no debemos asociar lo que no engorda, con lo que es sano.

¿Acaso es sano tomar refrescos light, cargados de edulcorantes artificiales, de forma excesiva? ¿Masticamos mucho y bien antes de ingerir? ¿Tenemos muchas flatulencias y malas digestiones? De ser así puede haber una carencia en enzimas digestivas y en ese caso o bien empezamos a cambiar (educación nutricional) o bien tendremos que recurrir a los complementos enzimáticos antes de las principales comidas. Las deficiencias de nutrientes ralentizan las funciones metabólicas lo que, si se alarga en el tiempo, supone nuevas deficiencias. Así, una deficiencia de zinc, aminoácidos esenciales y vitaminas lleva a disminuir la producción de ácido gástrico y enzimas pancreáticas, más agravada si el proceso de masticación es deficiente, lo que a su vez dificulta la digestión y la extracción de los nutrientes presentes en los alimentos.

Desayunando un café y unas galletas, almorzando un café y un pincho, comiendo sin estructura alguna, merendando de nuevo otro café y cenando un bocadillo de chistorra, seguro que no aportamos ninguno de los nutrientes esenciales en sus cantidades óptimas y, si ello se convierte en habitual, surgen los problemas.

Y, también se ha de tener en cuenta el gasto propio de cada uno, pues la variabilidad individual es infinita y hay quien necesita poco y quien todo lo contrario. Supongamos por ejemplo, un individuo que se levanta pronto, su trabajo es activo y estresante, fuma en exceso, consume demasiados cafés y azúcares, duerme mal, realiza deposiciones muy líquidas, tiene flatulencias tras las principales comidas, vive en una ciudad con grandes índices de polución y además realiza deporte intenso 3 días a la semana. Sus necesidades serán muy diferentes a quien viviendo en el mismo lugar, duerme mucho y bien, lleva un estilo de vida equilibrado, toma abundantes verduras y caldos, no fuma ni consume cafés y realiza yoga 3 días por semana. Es decir, no es lo mismo ganar 1000 euros con una hipoteca y 4 hijos a tu cargo, que ganar lo mismo, estando soltero y sin hipoteca. Los gastos, difieren.

¿Puede estar bien nutrido quien ya desde joven rechaza el pescado, la fruta o la verdura?… ¡Es que no me gustan!… Y los padres, consentimos.

Así que: educación nutricional, moderación, ejercicio regular, masticación adecuada, hidratación y que cada toma diaria sea nutritiva y lógica y a ser posible sin estrés y ello aplicarlo desde edades tempranas, para que se consoliden dichos hábitos, puesto que no es normal que la fatiga, la falta de concentración y los dolores sean habituales ya desde antes de los 15 años. Y de no cumplir con ello, quizás no quede otro remedio que tomar suplementos.

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